Marruecos

Desierto de Marruecos en dos días

By on

En nuestro viaje por Marruecos hicimos una pequeña escapada para pasar dos días en el desierto, salimos de la caótica Marrakech y vivimos una experiencia única, que sin duda alguna os recomendamos.

Tras los dos primeros días recorriendo Marrakech realizamos esta excursión, para volver dos días después y terminar de ver la ciudad.

Buscando la mejor excursión

Cuando planeamos esta excursión fue cuando llegaron multitud de dudas: si ir por nuestra cuenta al desierto, dónde dormir, a qué parte del desierto ir, con qué agencia, si contratarlo desde Marrakech o desde casa…

Desde Marrakech hay multitud de sitios donde contratar la excursión al desierto, ya sea sólo de un día o de más, pero al final preferimos buscarlo desde casa, para no perder tiempo allí en visitar varias agencias y regateando el precio. Con lo cómodo que es buscarlo desde internet…

Antes de nada hay que decir que hay varias zonas de desierto a las que se puede ir desde Marrakech:

  • Zagora. Este es el desierto más cercano a la ciudad de Marrakech, y a la que más excursiones encontraréis. El problema es que aquí realmente no hay desierto: se trata de una zona predesértica,el paisaje es llano, con suelo de tierra y piedras, y con pequeñas dunas formadas por la arena que arrastra el viento, pero de medio metro de altura, nada que ver con las imágenes que tenemos en la cabeza de lo que tiene que ser pasear por el desierto en África.
  • Merzouga. Esta es la zona a la que llevan la mayoría de agencias cuando se pasan un par de noches el desierto, ya sí es zona desértica. En el pueblo hay multitud de hoteles, y junto a Merzouga se encuentran las dunas de Erg Chebbi, donde hay bastantes campamentos de tiendas para dormir. Eso sí, desde los campamentos del desierto se ven las luces de la ciudad.
  • Erg Lihoudi. Estas son las primeras dunas que pertenecen al desierto del Sahara, ya de mayor tamaño, entre Tagounite y M’hamid (a 96km al sur de Zagora). Aquí también encontraréis algunos campamentos para pasar la noche en el verdadero desierto. Aquí las dunas alcanzan una altura de 100 metros. Esto es lo que conocemos como desierto.
  • Erg Chegaga. Avanzando otros 70km desde M’hamid se llega a las grandes dunas de Erg Chegaga, que pueden alcanzar hasta 300 metros y extendiéndose unos 40km. Esta es la frontera natural con Argelia.

Nosotros nos volvimos un poco locos buscando toda esta información, pero al final nos hicimos una idea de lo que es cada zona para poder elegir.

Las excursiones a Erg Chebbi son mínimo de dos noches, por lo menos las que nosotros encontramos. Y aunque para Erg Chegaga también te recomiendan ir dos noches sí que pudimos ir solamente una, y es que cuando no te sobran días poco más se puede hacer.

Nosotros al final reservamos la excursión de dos días a Erg Chegaga, pero recomendamos que si vais, ya sea a Chegaga o Chebbi aprovechéis y os quedéis otra noche más, ya que son muchas horas de coche para pasar tan poco tiempo en el campamento del desierto.

De entre todas las agencias, finalmente eran dos las que más nos convencían, ya por seguridad, por el itinerario o por precio: Caravane Du Grand Erg, y Sahara Salvaje. Esta última es con la que reservamos.

Al final nos salió más cara de lo que teníamos pensado, y le dimos muchas vueltas de si hacer la excursión o no, pero nos decidimos y no nos arrepentimos. Es más barato coger una excursión a una de las zonas más cercanas, pero no es lo mismo, y para una vez en la vida que vas a estar por allí no merece la pena quedarse a medias.

La excursión contrada incluía:

  • Recogida en nuestro riad.
  • Desplazamiento en 4×4 privado climatizado
  • Paradas durante la ruta (a demanda)
  • 1 noche de alojamiento en campamento de Erg Chegaga
  • Comidas en restaurantes en ruta y cena y desayuno en el campamento
  • Tour en dromedario por las dunas de Erg Chegaga

Tenemos que decir que aunque el 4×4 se supone que tendría aire acondicionado no era así: estaba roto y tuvimos que ir los dos días de viaje con las ventanillas bajadas, durante muchas horas, con bastante calor y la arena que entraba por ellas, así que imaginaos cómo llegamos…

Lo que sí estuvo genial fue el campamento, al final nos pusieron en un campamento de lujo, aunque se supone que habíamos contratado de categoría inferior. Nuestra tienda era enorme y teníamos hasta baño completo dentro.

Comienza la aventura

El guía fue a buscarnos al riad a las 7 de la mañana y tras montarnos en el 4×4 comenzamos nuestra ruta hacia el sur, hacia el Alto Atlas, la cordillera más alta y extensa de Marruecos.

Poco después de haber salido los paisajes fueron cambiando, de las verdes praderas y palmeras pasamos a carreteras zigzagueantes al borde de barrancos. La primera parada fue un restaurante pegado a la carretera estirar un poco las piernas y tomar algo, y desde el que teníamos unas estupendas vistas.

Continuamos subiendo el Alto Atlas por el puerto de Tizi-N-Tichka, cuya altitud máxima es de 2260 metros. En esta parte, junto a la carretera, hay varios puestos donde venden artesanía, piedras de colores y fósiles.

Tras pasar el Alto Atlas continuamos por carretera, pasando por Tazenakht, hasta Foum Zguid, un antiguo puesto militar, donde paramos a comer.

 

Inicio del desierto: Zagora

Continuamos nuestro recorrido por un tramo del rally París Dakar hasta adentrarnos en el desierto de Zagora. En esta parte del recorrido ya no íbamos por carretera, el 4×4 iba abriendo paso por donde el chófer quería.

Acalorados en el coche

No  había vegetación, ni pueblos, ni caminos, lo único que veíamos era tierra y piedras, y algún que otro árbol en mitad de la nada. Como hacía mucho calor paramos junto a la sombra de un árbol, donde aprovechamos una fuente (suponemos que donde paran a dar de beber a los animales) para refrescarnos un poco.

Tras esto, el chófer continuó improvisando el camino hasta llegar a un campamento bereber, donde paramos y disfrutamos de un rato como sus invitados.

Nos invitaron a un té y pastas. También tenían comida, pero nosotros y el guía ya habíamos comido, así que el único que aceptó fue nuestro chófer. Los niños que había por allí tenían un pequeño cabritillo que le dejaron a Andrea para que lo acariciara un rato y ella lo tuvo abrazado como a un bebé.

 

 

Adentrándonos en las grandes dunas

Seguimos avanzando por el desierto hasta que empezaron las dunas, cada vez más grandes, y el 4×4 cada vez daba más botes. Hasta que en una de ellas nos quedamos atascados y tuvimos que salir todos a ayudar a sacar el coche empujando y cavando para desenterrar las ruedas. Sin duda, toda una aventura.

Seguimos avanzando hacia Erg Chegaga, pues llevábamos todo el día en el coche y teníamos que llegar antes de que anocheciera. Los botes que daba el coche por las dunas, junto con el calor, hicieron que Peter se mareara y tuviésemos que parar el coche. El problema fue que cuando fuimos a seguir la marcha el 4×4 se había vuelto a quedar atrapado en la arena y no había forma de sacarlo, así que estuvimos un buen rato empujando, desenterrando ruedas, intentando ayudarnos con ramas que había por allí… Y si no llega a ser por un pastor que pasaba por allí en camello y se puso a empujar con nosotros mientras Andrea aceleraba no hubiésemos llegado de día al campamento.

Nuestro guía junto al coche atascado en la arena

Continuamos hasta el campamento, uno de los únicos 5 que hay en estas dunas, donde ya nos estaban esperando.

Campamento en Erg Chegaga

Finalmente llegamos al campamento, formado por varias tiendas distribuidas en varias zonas. Por un lado, la tienda-restaurante, o algo así, donde tenían la comida, bebidas, y algunas mesas, aunque aquí no estuvimos, junto con alfombras y tiendas de descanso, desde donde disfrutar del paisaje tumbados en pufs. De ahí salia una especie de calle con tiendas a ambos lado.

Descansando un poco a nuestra llegada al campamento

Nuestra tienda estaba en una zona más tranquila, al otro lado de una duna, junto con otras 3 o 4 tiendas formando un círculo.

La zona en la que se encontraba nuestra tienda

La verdad es que el campamento nos gustó mucho. Teníamos expectativas bastante altas, y aún así las superó.

Paseo en dromedario

El atasco que sufrió el 4×4 en la arena, hizo que llegásemos más tarde de lo previsto, los últimos. Así que nada más llegar nos llevaron a nuestra tienda, dejamos nuestras cosas y corriendo fuimos directos a montar en dromedario, puesto que aún no había anochecido.

Fuimos donde estaba descansando el grupo de dromedarios y nos dijeron a cuál debíamos subirnos cada uno. El paseo normalmente es en grupo, pero como llegamos tarde, tuvimos un paseo privado. Estos animales son más grandes de lo que podáis creer, y aunque subir no es difícil, cuando se levantan lo hacen echándose hacia adelante y parece que vas a caer de boca al suelo.

El paseo fue increíble. Adentrarte en aquellas dunas sobre el dromedario sin duda nos dio una perspectiva de lo enormes que eran. El recorrido fue genial, subimos hasta las más altas y las fuimos descendiendo mientras iba anocheciendo viendo la puesta de sol, un espectáculo visual en toda regla. Durante el recorrido hicimos miles de fotos y vídeos que quedarán en nuestro recuerdo siempre.

Emocionados llegamos a nuestra tienda, en la que apenas pudimos descansar unos minutos puesto que nos esperaba una auténtica cena tradicional.

Cena tradicional marroquí

Cuando llegamos, estaba todo el mundo sentado, en mesas separadas, por grupos o por parejas, al aire libre. Todo estaba adornado con velas encendidas, y la luz era muy tenue lo cual hacía que el ambiente fuese bastante romántico.

Nos pusieron una variedad de platos típicos de la gastronomía marroquí: tajín, tortilla bereber, cuscús, brochetas,etc. Estaba todo muy bueno la verdad, y el personal era muy amable.

Cuando acabó la cena, amenizaron la velada con un espectáculo de folklore en directo. Nos pusimos todos en corro sentados en unos cojines mientras tocaban música y cada uno se fue yendo conforme quiso.

Nosotros estuvimos un rato pero luego nos fuimos a la caza de estrellas. Nos alejamos bastante del campamento y nos subimos a una duna gigante, para poderlas ver sin luz alguna. Hemos de decir que aquella noche estaba un poco nublado, pero aún así se veía el cielo muy estrellado y fue increíble pasar un rato tumbados hacia arriba contemplando el cielo en el más absoluto silencio.

Paseando por las dunas

A la mañana siguiente nos despertamos bastante temprano. Queríamos aprovechar nuestro tiempo allí, puesto que después de desayunar en el campamento retomaríamos el camino de vuelta a Marrakech.

Nos fuimos de excursión a ver el amanecer, bueno esa era la intención, en realidad ya había amanecido, jeje. Nos perdimos en la lejanía, anduvimos bastante hasta que de repente a lo lejos vimos a nuestro guía que nos hacía señales para que volviésemos puesto que éramos los últimos en acudir al desayuno, como siempre, y nos teníamos que ir, pues el camino de vuelta iba a ser largo, y esta vez teníamos que hacer bastante más paradas que el día anterior.

 

De vuelta a Marrakech

Volvimos a subir al 4×4 e iniciamos la vuelta. Aunque nos esperaban varias horas de coche, íbamos a realizar varias paradas.

Aunque seguíamos con el aire acondicionado del coche estropeado esta vez el trayecto no se nos hizo tan agobiante como el día anterior. Claro que al comienzo del trayecto, saliendo de Erg Chegaga atravesando las dunas no nos quedamos atrapados en ningún momento, y aunque el traqueteo y los botes del coche eran iguales a los del día anterior no hacía tanto calor, ya que esta vez era temprano, y el sol todavía no estaba en lo más alto. Eso sí, volvimos cubiertos de arena otra vez.

Tamegroute

Éste fue el primer pueblo en el que paramos. Es un antiguo centro religioso famoso por su Biblioteca Coránica y sus talleres de cerámica al aire libre.

Junto a la carretera que atraviesa el pueblo hay varios talleres, con las fachadas cubiertas por platos de colores, y en el suelo multitud de tejas, vasijas y otros objetos que fabrican allí y venden sobretodo a los turistas que pasan.

Accedimos a uno de estos talleres. Entramos a una especie de patio donde se encontraban los hornos y multitud de piezas apiladas y almacenas ahí en medio. En la parte posterior de este patio había una serie de salas, donde vimos a un artesano trabajando en una de ellas. Estaba semienterrado en el suelo de tierra, para estar más fresco, y poder trabajar mejor, y sólo usaba el torno que giraba con el movimiento de sus pies y sus manos para dar forma a los platos, vasijas, cántaros y recipientes de tajín, de tamaño normal y mini, que vendían para las especias.

Taller de alfarería

Artesano trabajando en el torno

Retomamos la ruta y cruzamos la que es considerada como la puerta del desierto, Zagora, aunque no hicimos parada aquí.

Valle del Drâa

Desde Zagora a Agdz nuestro camino seguía el curso del valle del Drâa, un hermoso paraje guiago por el río del mismo nombre, y lleno de grandes palmerales y fortificaciones de barro. Se trata del río más largo de Marruecos y Argelia, nace en el Alto Atlas y llega hasta el desierto, donde sigue su curso de forma subterránea hasta desembocar en el Atlántico. Pero es en este tramo donde el valle se muestra en todo su esplendor, con kilómetros de palmeras y huertos que acompañan el cauce del río.

Como íbamos de vuelta a Marrakech nosotros hicimos la ruta al revés: de Zagora a Agdz, parando en varios puntos para contemplar el espectáculo. Parecía imposible que estuviésemos en el mismo sitio que hacía apenas un rato. Hicimos varias paradas. Una de ellas desde lo alto de un pequeño monte para divisar desde lo alto los 200 km que ocupa la zona del palmeral. Parecía increíble como podía encontrarse tanta vegetación en el medio de la nada. Era como ir encontrando grandes oasis en mitad del desierto.

No somos capaces de recordar cómo se llamaban los pueblos en los que paramos, pero da lo mismo, pues en toda esta zona son muy similares: edificios de una o dos plantas, con paredes de barro, que se confundían con el color del desierto, y tras ellas, miles de palmeras, que hacían un bonito contraste.

En uno de estos pueblos es donde hacíamos la parada para comer. Recordad que habíamos reservado el tour completo e incluía todas las comidas del camino en restaurantes, así que comimos en la terraza del sitio donde nos llevaron, bajo el aire de un ventilador, y donde nos pedimos unas Coca Colas bien frías que nos sentaron genial después de tantas horas de camino con el calor que ya hacía.

Ourzazate

Esta ciudad es conocida como la puerta al desierto.

Nosotros llegamos atravesando las montañas del Anti Atlas, atravesando el puerto de Tizi’n Tinifift, con una altitud de 1600m, por carreteras serpenteantes y muy estrechas donde no había ni quitamiedos y por las que era mejor no mirar hacia abajo, pues parecía que en cualquier momento podíamos caer por los barrancos por los que estábamos pasando. Por supuesto esta fue otra parada obligatoria, pues ver desde lo alto todo el valle excavado en la roca merece la pena.

La ciudad es bastante grande comparada con las demás que estábamos atravesando, sin embargo la atravesamos sin más, haciendo únicamente parada en CLA Studios, a las afueras de la ciudad.

En estos estudios se han grabado multitud de películas, como Gladiator, Astérix y Cleopatra, Lawrence de Arabia, La Momia, Sahara, Troya, Babel etc. También son conocidos por ser el corazón de la industria cinematográfica marroquí. Aunque es posible realizar un tour para ver el interior de los estudios nosotros no entramos, pero sí paramos para ver el exterior, en el que tienen expuestos algunas de las piezas usadas para decorados.

 

Aît Ben Haddou

Ésta fue la última parada, la más larga que realizamos a la vuelta y sin duda la que más nos gustó.

Esta kasba (conjunto arquitectónico construido en adobe y barro) fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987 y es la mejor conservada de todo el Atlas. Se trata de una ciudad fortificada de arcilla y barro se encuentra en la ladera de un monte y junto al río Ourzazate, y desde el que tenemos una de las más famosas imágenes, con la fortificación reflejada en el agua.

La mayor parte de la población ahora vive en el pueblo nuevo, al otro lado del río, aunque hoy en día siguen habitando dentro de la kasba unas diez familias.

El coche nos había dejado en el pueblo nuevo, así que para acceder a la kasba tuvimos que andar un poco (está señalizado todo el rato) y cruzar el río, aunque no supuso ningún problema, ya que apenas cubre, había unos sacos preparados para pasar saltando encima de ellos, y la gente local se ofrece a ayudar a cruzar (si es a cambio de una propina mejor).

A la ciudad se accede por una puerta en la muralla, y hay que pagar entrada (simbólica). Normalmente se pueden contratar guías para que te enseñen la kasba, suelen estar por allí, y el precio se debría fijar antes de la visita. Como nosotros ya teníamos nuestro guía, pagamos la entrada y fuimos con él.

Las casas y torres están realizadas en adobe, con paredes de barro, adornadas con motivos geométricos en relieve en su parte superior, lo que provoca bonitos juegos de luces y sombras.

Durante la visita recorreréis estrechas callejuelas, pasadizos, os adentraréis en alguna casa, y seguiréis subiendo hasta el risco que corona toda la ciudadela y desde el que hay unas preciosas vistas de todo el entorno.

Seguramente si eres fan de Juego de Tronos, te sonará puesto que aquí se han grabado escenas de la serie, este enclave se utilizó para grabas las escenas de la ficticia ciudad de Yunkai. También se han grabado otras películas como Lawrence de Arabia, La Momia, Gladiator y Alejandro Magno.

Sin duda, esta es la mejor visita que se hace durante el recorrido entre el desierto y Marrakech, así que si pasais por la zona, ya sea en algún tour o por vuestra cuenta no debéis perdérosla.

Llegada a Marrakech

Salimos de Ait Ben Haddou tras volver a cruzar el río, esta vez por un puente, y ya en el coche comenzamos la parte final del camino de vuelta a Marrakech. Se habían terminado las paradas, pues por allí ya habíamos parado a echar fotos y disfrutar de las vistas a la ida el día anterior, y ya teníamos ganas de llegar.

Atravesamos el Alto Atlas de nuevo, y por fin llegamos a la ciudad. El 4×4 nos dejó junto a nuestro riad, donde aprovechamos para refrescarnos en la piscina, darnos una buena ducha para quitarnos toda la arena que llevábamos encima, y salir a cenar por la Medina.

Esta tour por el desierto, aunque corto porque no teníamos más días, nos gustó mucho.

Lo recomendamos sin ninguna duda a todo el que vaya a Marrakech y disponga de más de 2 o 3 días en total.

¿Habéis estado por allí o habéis pasado alguna noche en el desierto en alguna otra parte?

TAGS

LEAVE A COMMENT

DIARIO DE DOS MALETAS
ESPAÑA

¡Bienvenidos a nuestro blog! Somos Andrea y Peter, una pareja de viajeros murcianos. Hace unos años empezamos a viajar, y cuanto más viajamos, más ganas tenemos de seguir descubriendo nuevos destinos. Así que aquí estamos, aterrizando de un viaje y pensando en el siguiente. Nos encanta viajar, la fotografía, la gastronomía, vivir aventuras y perdernos en sitios desconocidos, cuanto más lejos, casi que mejor... Y desde hace un tiempo pensamos en compartir todas esas aventuras con vosotros.

DESCUENTOS
Instagram
Instagram ha devuelto datos no válidos.